¿Sabes para qué servían los montes de piedad?

26 de septiembre de 2019

Sabes para qué servían los montes de piedadAunque ahora el término “monte de piedad” suena rancio y viejuno, lo cierto es que este tipo de entidades sin ánimo de lucro han tenido una importante función social a lo largo de la historia. En este post te cuento algunas curiosidades sobre estos organismos que parecen condenados a la extinción.

A lo largo de la historia, siempre han existido personas y colectivos que no han sido capaces de permanecer indiferentes ante el sufrimiento ajeno y que han tratado de erradicarlo con todos los medios a su alcance.

Lo que ahora llamamos solidaridad, antes se conocía como caridad o piedad hacia el que sufre.

La caridad se solía ejercer dando una limosna.

Pero mucha gente que pasaba por dificultades transitorias de liquidez se negaba a pedir —y a recibir— limosnas. De hecho, muchas de esas personas tan solo necesitaban una pequeña ayuda con la que resolver el problema.

Sin embargo, las pocas casas de banca que había no prestaban dinero a los particulares. Y los únicos dispuestos a hacerlo, los usureros, solo se metían en ese lucrativo negocio a cambio de convertirse en apestados sociales.

En gran parte también por los elevadísimos intereses que cobraban a cambio de prestar pequeñas cantidades de dinero.  

Debido a su poca empatía, los usureros podían arruinar la vida de muchas familias, que se sentían indefensas ante sus desmanes.

Para evitar estas situaciones, se crearon los montes de piedad en el siglo XV.

¿Qué es un monte de piedad?

Los montes de piedad son entidades benéficas destinadas a hacer préstamos a personas pobres, bajo la condición de que empeñen alguna de sus pertenencias, como garantía de devolución.

Los primeros montes de piedad surgieron en Italia de la mano de los frailes franciscanos, que pretendían hacer frente a las injusticias de los prestamistas usureros (que podían llegar a cargar hasta un 200% de interés en sus operaciones).

Aunque inicialmente estas entidades ofrecían créditos sin intereses —como garantía de devolución tan solo exigían la prenda que se empeñaba—, muy pronto se constató la necesidad de cobrar algo de intereses para que los montes de piedad pudieran subsistir de un modo autónomo.

Por eso mismo, en concilios como el de Letrán o el de Trento la Iglesia permitió que estas instituciones benéficas cobrasen unos intereses moderados, muy por debajo de los que cargaban los usureros.

En España, el primer monte de piedad que se creó fue el de la villa palentina de Dueñas en 1550, por iniciativa de Fadrique de Acuña, conde de Buendía.

Sin embargo, el más antiguo —de los pocos que todavía subsisten hoy en España—, es el Monte de Piedad de Madrid, fundado en 1702.

Estos montes de piedad fueron adaptándose a los cambios sociales y económicos de España, por lo que muchos de ellos terminaron dando vida a las cajas de ahorros.

La idea superaba con creces el objeto inicial de los montes de piedad, puesto que se destinaban principalmente a las clases más desfavorecidas, para que pudiesen ahorrar pequeñas cantidades de dinero, y así no depender tanto de la caridad o de los empeños de sus pocas alhajas.

¿Qué financieras hacen hoy en día las funciones de los montes de piedad?

La crisis experimentada por las cajas de ahorros en los últimos años en España ha provocado su práctica desaparición.

Y con ellas también se han cerrado muchos de los montes de piedad que aún subsistían.

De hecho, de los 50 que quedaban antes de la crisis, ahora sobreviven a duras penas prácticamente una decena de ellos.

También influye el hecho de que la situación económica es muy diferente a la de antaño y la gente, en muchas ocasiones, ya no tiene que recurrir a la beneficencia para subsistir.

Por otra parte, la oferta comercial de préstamos ha aumentado notablemente.

Y más ahora que los créditos al instante se han implantado como una forma de solucionar pequeños problemas económicos.

De hecho, muchas de las fintech que encontrarás en nuestros rankings, aunque son empresas con ánimo de lucro, se rigen por una marcada vocación social de ayudar financieramente a las personas cuando lo necesitan.


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